
Poco a poco, los mundos distópicos de la ciencia ficción se van pareciendo a nuestra realidad: más desigualdad, crisis ambiental y una sensación de que vamos hacia atrás.
Muchas personas cercanas culpan a la tecnología de esto, pero yo no lo veo así. Un martillo sirve para construir una casa o para derribarla, y lo mismo pasa con las tecnologías de la información. Como dijo el historiador Melvin Kranzberg, "la tecnología no es buena ni mala; tampoco es neutral". La pregunta de fondo no es si usamos tecnología, sino quién la controla, con qué fines y a quién beneficia. Hoy, demasiadas veces, beneficia a muy pocos.
No escribo para quejarme, porque no sirve de mucho. En vez de eso, prefiero presentarte una visión alternativa: el solarpunk, un futuro donde la fauna, la flora y el ser humano podamos convivir en armonía.
¿Qué es solarpunk?

Desde pequeño me han interesado las causas sociales y la música punk. Con el tiempo descubrí la ciencia ficción y, con ella, el cyberpunk: un género fascinante, pero en el que no hay esperanza. Después de un tiempo me encontré con el solarpunk, y por fin tuve una forma de imaginar el futuro que juntaba todo lo que me importa.
Solarpunk es un movimiento artístico, cultural y político que se pregunta algo muy sencillo: ¿cómo sería un futuro en el que valga la pena vivir? Y, sobre todo, ¿cómo lo empezamos a construir desde hoy?
El nombre nace como respuesta al cyberpunk, ese género que nos mostró ciudades de neón controladas por megacorporaciones, contaminación y personas aisladas frente a pantallas. El solarpunk toma otro camino. Solar porque apuesta por la energía limpia y por una vida en equilibrio con la naturaleza. Punk porque no espera permiso: es rebelde, práctico y hecho a mano, con la actitud de "hazlo tú mismo" y "hagámoslo juntos".
Imagina una ciudad como Bogotá con huertas en las terrazas, paneles solares en los techos, ríos limpios, bicicletas en lugar de trancones y barrios donde los vecinos comparten herramientas, semillas y conocimiento.
Lo que no es solarpunk
Como pasa con muchas ideas, el solarpunk se malinterpreta con facilidad. Estas son algunas confusiones comunes:
No es solo una estética. En internet vas a encontrar muchas imágenes de ciudades blancas llenas de plantas y paneles solares. Son bonitas, pero el solarpunk no se trata de cómo se ve el futuro, sino de cómo se vive en él y de quién decide.
No es rechazar la tecnología. No se trata de volver a las cavernas ni de botar el celular. Se trata de usar la tecnología de otra forma: abierta, reparable, que consuma menos y que esté al servicio de la gente.
No es "consumo verde". Comprar un producto con etiqueta ecológica no te hace solarpunk. Muchas empresas pintan de verde lo mismo de siempre. El solarpunk tiene más que ver con consumir menos, reparar, compartir y producir en comunidad.
No es una utopía ingenua. No niega los problemas; parte de ellos. La diferencia es que, en vez de rendirse ante el colapso, se pregunta qué podemos hacer con lo que tenemos a mano.
Por qué es importante
Durante años, la ciencia ficción nos ha mostrado sobre todo futuros oscuros: ciudades contaminadas, gobiernos que vigilan todo, corporaciones más poderosas que los países. Esas historias sirven como advertencia, pero tienen un efecto secundario: nos acostumbran a pensar que ese es el único futuro posible.
Y lo que no podemos imaginar, difícilmente lo vamos a construir. Si solo vemos colapso, terminamos creyendo que no hay nada que hacer, y esa resignación es muy cómoda para quienes se benefician de que las cosas sigan igual.
El solarpunk rompe ese ciclo. Nos recuerda que el futuro no está escrito y que la esperanza no es ingenuidad, sino una decisión. Imaginar un futuro mejor es el primer paso para empezar a construirlo.
Solarpunk en la práctica
Lo mejor del solarpunk es que no tienes que esperar a que llegue el futuro. Ya hay personas y comunidades practicándolo, muchas veces sin saber que tiene nombre:
- Huertas urbanas y comunitarias: terrazas, balcones y lotes abandonados convertidos en espacios donde se cultiva comida y se teje comunidad.
- Energía propia: pequeños sistemas solares para cargar dispositivos, alimentar sensores o reducir la dependencia de la red.
- Software libre y autoalojamiento: usar herramientas que no te espían y tener tus propios servicios en lugar de entregarle todo a las grandes plataformas. Este mismo blog funciona en un servidor que administro yo.
- Reparar en lugar de botar: talleres de reparación, bibliotecas de herramientas y la idea de que las cosas deben durar y poder arreglarse.
- Ciencia ciudadana: personas midiendo la calidad del aire, el agua o el clima de su barrio y compartiendo los datos abiertos.
- Una web más liviana: sitios que gastan menos energía. Un ejemplo famoso es Low-tech Magazine, cuya versión solar funciona con un panel y se desconecta cuando no hay suficiente sol.
Ninguna de estas acciones va a cambiar el mundo por sí sola. Pero juntas muestran que otro modo de vivir no solo es posible: ya está pasando.

Una mirada desde Latinoamérica
El solarpunk no es solo una moda que nos llega de afuera. Una de las primeras antologías del género se publicó en Brasil en 2012: *Solarpunk: Histórias ecológicas e fantásticas em um mundo sustentável*, organizada por Gerson Lodi-Ribeiro. Años después se tradujo al inglés y ayudó a que el movimiento se conociera en el resto del mundo.
Pero la conexión va más allá de un libro. En nuestra región, muchas de las ideas del solarpunk se practican desde hace generaciones, aunque nunca las hayamos llamado así: la minga, en la que la comunidad se junta para trabajar por un bien común; las huertas caseras y el intercambio de semillas criollas; el conocimiento indígena y campesino sobre cómo cuidar la tierra y el agua. El rebusque y el ingenio para reparar lo que otros botarían también son, a su manera, muy solarpunk.
Por eso creo que desde Latinoamérica tenemos mucho que aportar a esta visión. No se trata de copiar el futuro que imaginan en otros lugares, sino de construir uno propio, con nuestra biodiversidad, nuestros saberes y nuestra forma de hacer comunidad.
Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones; ese mundo está creciendo en este instante.
— Buenaventura Durruti
Lo que viene en este blog

Este es uno de mis objetivos con BogDev: democratizar el conocimiento para que todos y todas podamos tener una mejor calidad de vida. No quiero quedarme en la teoría. Por eso voy a documentar aquí mis propios proyectos sostenibles, empezando por un cultivo hidropónico en casa, y más adelante sensores para medir la calidad del aire, huertas conectadas y tecnología que cualquiera pueda replicar en su barrio. También quiero escribir sobre desarrollo de software al servicio de las personas, los animales y la naturaleza: herramientas abiertas que resuelvan problemas reales y no solo generen ganancias para unos pocos. Voy a compartir los costos, las piezas, el código y también los errores, porque de esos se aprende tanto como de los aciertos.
El solarpunk no se construye solo, así que esto es una invitación. ¿Tienes una huerta, un proyecto, una idea o simplemente curiosidad? Escríbeme, comenta o sígueme en el fediverso. Y si este texto te dejó pensando, compártelo con alguien que también crea que otro futuro es posible.
Ese mundo nuevo que llevamos en el corazón no va a llegar solo. Empecemos a sembrarlo.
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